Émile Zola nos ofrece con la historia de la familia Rougon-Macquart, descrita en veinte novelas, retazos de la vida en el Paris del Segundo Imperio. Como si fuera un pintor impresionista sus descripciones son pequeñas pinceladas, pero fuertes y profundas, que nos descubren, sin ocultar la miseria, la corrupción o la grandeza, el tejido de la sociedad francesa. Nana es una de las más conocidas novelas de ese ciclo. Este personaje, que aparece por primera vez en La taberna como hija de Gervasia y Coupeau, se adueña de la narración y asistimos a su descubrimiento, su éxito y su ocaso. Zola estructura la narración en cuadros de un escenario, desmenuzando de manera cruda y realista hasta el elemento más insignificante tanto del espacio de cada escena como de las relaciones, caracteres y sentimientos de los personajes. Nana, nueva estrella del Teatro de Variedades, vive libre de las convenciones sociales de su tiempo y utiliza sus atributos para obtener fama y dinero, sin escrúpulos sentimentales. Alrededor de ella todo se degrada y degenera y la ruina o la muerte es el final de sus amantes. Esta pintura audaz y ácida del desenfreno le valió a Zola ser acusado de obscenidad, pero confirmó su talento de escritor.
Iniciamos el blog de los Clubs de Lectura de la Biblioteca Pública de Córdoba con el ánimo encendido por las hojas leídas y esperadas en las tardes de los miércoles, cortas para lo mucho que nos evocan los libros comentados y para conocer más de los autores, de otros libros, de otras opiniones. Las páginas vacías de este espacio virtual esperan llenarse de vuestras impresiones, recomendaciones o sugerencias.
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